El ambiente previo presagiaba lo peor. Con la alerta encendida y la memoria fresca de pasadas inundaciones, Ciudad Obregón amaneció con esa calma tensa que antecede a las grandes tormentas. Sin embargo, conforme avanzaron las horas, el paso del fenómeno meteorológico Polo dejó en Cajeme algo más valioso que una simple cifra de precipitación: un colectivo y profundo suspiro de alivio.
En un recorrido realizado por los puntos críticos que históricamente sufren los embates del agua, el panorama fue radicalmente distinto al que muchos temían. La calle Guerrero, justo a la altura del Hospital General Regional No. 1 del IMSS —un tramo conocido por convertirse en laguna a la menor provocación—, lució con un flujo vehicular continuo y sin encharcamientos de consideración. Mismo escenario se registró sobre la calle 200, cerca del IMSS Bienestar, donde el tráfico fluyó sin los habituales embotellamientos causados por el agua estancada.
Los pasos a desnivel, siempre bajo la lupa en días de lluvia por el riesgo que representan para los automovilistas, se mantuvieron despejados y transitables. De igual manera, cruces conflictivos como la calle Jalisco en su intersección con la Obrero Mundial pasaron la prueba sin novedad, al igual que los alrededores de la Laguna del Náinari, donde las familias del sector respiraron tranquilas al ver que los niveles se mantuvieron bajo control.
La lluvia, aunque presente, se sintió más como una tregua que como una amenaza. El único matiz humano e ineludible de la jornada se apreció en las cornisas y portales de diversos edificios del centro y zonas aledañas, donde varias personas en situación de calle buscaron refugio improvisado para protegerse del agua. Afortunadamente, la precipitación no pasó a mayores y no se reportaron afectaciones graves a la infraestructura ni daños en las zonas vulnerables de la ciudad.
Al final del día, la expectativa crítica quedó reducida a un susto de calendario. Obregón libró una jornada que pintaba para complicarse, recordando que a veces la mejor noticia meteorológica es, simplemente, que no haya nada trágico que contar.

















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