A seis días del derrame de 59 mil litros de hidrosulfuro de sodio provocado por el descarrilamiento de un tren de Ferromex en el municipio de Naco, habitantes de comunidades de Sonora y del vecino estado de Arizona mantienen la preocupación por la falta de información oficial sobre los posibles impactos ambientales y riesgos para la salud.
El accidente ocurrió la noche del 25 de julio, en el Rancho Potrero El Cobre, del ejido Cuauhtémoc, a unos 22 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. A seis días del incidente, la cercanía del sitio con el Río San Pedro, cuyo cauce continúa hacia Arizona, mantiene el temor de que las lluvias puedan arrastrar residuos contaminantes aguas abajo.
De acuerdo con un informe preliminar de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), el descarrilamiento de tres vagones ocasionó el derrame del químico en un radio aproximado de 2.5 kilómetros. Sin embargo, pobladores aseguran que aún no cuentan con resultados de análisis ambientales ni con información definitiva de las autoridades federales sobre los alcances de la contaminación.
El alcalde de Naco, Lorenzo Villegas, reconoció que existe preocupación en el municipio debido a la presencia de arroyos, represas y ranchos en la zona afectada.
“Tenemos información de la empresa y de las agencias gubernamentales de que no hay que alarmarse, pero como Protección Civil Municipal y como alcalde sí estamos preocupados por garantizar la seguridad de la ciudadanía y de que esto no vuelva a ocurrir”, expresó.
Habitantes de Naco, Arizona, también manifestaron inquietud, ya que el incidente ocurrió a escasas 14 millas de la frontera y muy cerca del cauce del Río San Pedro.
Durante la emergencia, varias familias fueron evacuadas debido al intenso olor que se percibía en la zona. El propio alcalde recordó que los primeros respondientes desconocían inicialmente la magnitud del riesgo químico al que se enfrentaban.
El accidente ocurrió durante una intensa lluvia, luego del colapso de un puente sobre un arroyo. El hidrosulfuro de sodio, al entrar en contacto con el agua, puede liberar sulfuro de hidrógeno, un gas con olor característico a huevo podrido que es tóxico, inflamable y potencialmente peligroso para la salud.
Especialistas advierten que este compuesto puede irritar las vías respiratorias y, en altas concentraciones, afectar el sentido del olfato, además de representar un riesgo para los ecosistemas acuáticos al ser utilizado en procesos de la industria minera.
Mientras continúan las labores de atención y evaluación, la población de ambos lados de la frontera espera que las autoridades federales den a conocer los resultados de los análisis ambientales para determinar si existe algún riesgo para el agua, la fauna y las comunidades cercanas.

















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