Sonora, México. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer el hallazgo de un asentamiento prehispánico de gran extensión en el valle y cañón del río Cocóspera, en el norte del estado, que amplía el conocimiento sobre la vida y organización social de antiguos pobladores de la región.
El sitio, denominado La Ciénega, fue localizado en el marco de las labores de salvamento arqueológico vinculadas a las obras del libramiento ferroviario Ímuris-Nogales, una infraestructura a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional que está siendo acompañada por especialistas del proyecto SALFIN del Centro INAH Sonora.
🧭 Una aldea mayor a lo detectado anteriormente
Los arqueólogos determinan que La Ciénega data de entre los años 800 y 1200 d.C., lo que la sitúa como anterior al centro rector conocido como Cerro de Trincheras (que floreció entre 1200 y 1500), y revelan que el asentamiento podría haber albergado alrededor de 60 viviendas distribuidas en una superficie aproximada de 250 por 250 metros.
Las estructuras recuperadas incluyen casas semisubterráneas de planta oval y rectangular, con muros definidos por alineamientos de roca y ampliaciones de tierra que muestran espacios familiares amplios donde convivían varias generaciones.
⚱️ Entierros y conexiones culturales
En las excavaciones se registraron más de 100 entierros humanos de adultos y niños, con modalidades que incluyen inhumaciones en posición flexionada y cremaciones en vasijas con adornos de concha. Algunos de estos elementos apuntan a posibles vínculos o intercambio cultural con grupos hohokam, lo que sugiere que el sitio pudo operar como un punto fronterizo de contacto y movilidad cultural.
🪨 Petrograbados y rutas antiguas
El equipo también documentó dos sitios con petrograbados asociados a esta tradición arqueológica, llamados Petroglifos del Babasac y Huellas del Oso, que contienen paneles con figuras geométricas y representaciones antropomorfas, señalando la presencia de arte rupestre en la región.
Los investigadores han señalado que la ubicación del asentamiento coincide con una ruta natural que siglos después se convirtió parte del camino novohispano hacia Tucson, Arizona, utilizado durante la época misional por el jesuita Eusebio Francisco Kino, lo que refuerza la relevancia histórica del área.
Este descubrimiento representa un aporte significativo para la arqueología del noroeste mexicano, ya que aporta información valiosa sobre la organización social, ritual y la interacción entre grupos prehispánicos en un territorio que fue clave para la movilidad humana en el pasado.



















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