Hermosillo, Sonora.- Jesús Hernández Williams, encargado de un almacén de lonas ubicado a un costado de la clínica del doctor Maximiliano Verduzco, señalado como principal responsable en el caso de los sueros bajo investigación que se ha cobrado ya 8 víctimas mortales en Sonora, aseguró que la noticia lo tomó por sorpresa, ya que él mismo y su esposa acudieron al lugar hace apenas tres semanas para recibir atención médica.
De acuerdo con su testimonio, acudió a la clínica luego de presentar un fuerte malestar tras consumir mariscos en Kino. Relató que llegó alrededor de las 2:00 de la tarde y fue registrado con el número 208, lo que, a su juicio, reflejaba el elevado flujo de pacientes que diariamente atendía el médico.
“Eso que pasó me agarró desprevenido. Yo fui porque me intoxiqué por mariscos en María de Kino, me sentía muy mal, estaba vomitando y con diarrea. El doctor me ayudó, me puso un suero intravenoso con vitaminas y un medicamento homeopático”, expresó.
Hernández Williams señaló que durante la atención no observó ninguna irregularidad visible en el manejo del material médico, ya que, según dijo, frente a él fueron abiertos utensilios completamente nuevos.
“Yo en lo personal vi que abrió todo nuevo: la jeringa, el suero, la solución salina, todo empaquetado. No me tocó ver que reutilizara nada”, comentó.
Indicó que, por la relación comercial que existía con el doctor, ni a él ni a su esposa se les cobró el procedimiento, ya que la atención habría sido brindada como cortesía. Sin embargo, afirmó que tenía entendido que el costo habitual por cada suero oscilaba entre 500 y 800 pesos.
Aunque reconoció que el tratamiento le ayudó a detener el vómito y la diarrea, explicó que al día siguiente continuó con fiebre alta y tuvo que acudir al hospital del Seguro Social, donde recibió antibióticos para evitar complicaciones mayores, entre ellas una posible salmonelosis.
“Salí de la clínica como a las seis de la tarde, pero al día siguiente seguía muy mal y tuve que ir al Seguro porque no me curé del todo”, relató.
El trabajador también describió que la clínica solía registrar una fuerte saturación, sobre todo los lunes y jueves, días que calificó como especialmente caóticos por la cantidad de personas que acudían a consulta.
“Los lunes y jueves aquello estaba muy conflictuado por los pacientes, se saturaba todo. Nosotros cerramos el almacén a las seis de la tarde y todavía seguía llegando gente a la clínica hasta las 11 de la noche”, dijo.
A partir de lo que vivió, Hernández Williams consideró extraño que el problema pudiera atribuirse únicamente a un lote contaminado, debido al gran número de personas que, según afirmó, eran atendidas diariamente en el sitio.
“Se me hace raro, porque si hubiera sido un lote de medicamentos mal, él atendía a cientos de personas por día. Ese jueves que fui, tuve que esperar tres horas para mi turno”, concluyó.



















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