Por: Redacción
La ludopatía no siempre hace ruido. A veces avanza en silencio, como una grieta diminuta que, sin que nadie lo note, termina por fracturar los cimientos de una familia. No solo arrastra dinero; también se lleva estabilidad, proyectos y aquello que durante años pareció inquebrantable.
Theo lo sabe bien. Lleva cerca de 14 años asistiendo a un grupo de jugadores anónimos llamado “Trascender”, intentando reconstruir lo que el juego le arrebató. Durante años fue apostador. Apostaba con la ilusión de ganar, pero terminó perdiendo mucho más que cifras en una cuenta bancaria: perdió parte de su patrimonio y la tranquilidad de su hogar.
Hubo un tiempo en que su vida transcurría en lo que él describe como un ritmo elevado. Sus hijos estudiaban en colegios privados, vivían en una zona acomodada de la ciudad y no faltaba nada en casa. La estabilidad parecía firme. Sin embargo, la enfermedad comenzó a abrirse paso.
“Mis hijos estaban en una institución educativa de prestigio, vivíamos bien, podían tener lo que necesitaban. Pero, desafortunadamente, por la misma enfermedad todo se fue deteriorando”, relata con voz que no oculta el peso del recuerdo.
Hoy la realidad es distinta. Theo ya no vive en aquel sector próspero ni conserva el negocio que alguna vez fue sustento y orgullo familiar. La mudanza a una colonia popular no fue solo un cambio de domicilio, sino el reflejo de una caída económica y emocional que dejó marcas profundas.
En su proceso de recuperación, ha escuchado historias similares. Personas que descuidaron sus negocios hasta perderlos. Trabajadores que, sin importar su profesión, comenzaron a dedicar más tiempo a las apuestas que a sus responsabilidades laborales, poniendo en riesgo y en ocasiones perdiendo su fuente de ingresos.
La ludopatía, advierten especialistas y quienes la padecen, no distingue clases sociales ni niveles educativos. Se infiltra en la rutina, promete ganancias rápidas y termina cobrando facturas altas. Las pérdidas no se limitan a lo material: también se erosionan vínculos, confianza y estabilidad emocional.
Hoy, Theo intenta transformar su experiencia en testimonio. No habla desde el éxito, sino desde la conciencia de lo perdido. En cada reunión de “Trascender” busca sostenerse y recordar que la recuperación es un camino diario, frágil pero posible.
Porque detrás de cada apuesta no solo hay una ficha sobre la mesa. A veces, sin saberlo, se juega el patrimonio entero de una familia.




















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